Iñaki Jauregui

Hablemos de economía, pero no como hacen los libros ni los informativos, sino a partir de observar a nuestro alrededor. Hablemos de la gente.

2016-09-27

Sinceramente responsables

Yo reciclo. Tengo mis 5 cubos en la cocina y me molesto en separar la basura y tirar cada bolsa al contenedor correspondiente. Nadie me premia (al menos de manera directa) por hacerlo. No reciclo por una recompensa inmediata ni por miedo a una hipotética multa que pudiese llegar a mi buzón si dejase de hacerlo. Reciclo porque creo que es lo correcto, porque el pequeño esfuerzo que implica la selección de residuos es inferior al beneficio social que creo que genera este acto.

Algunos definen la Economía como la ciencia que estudia cómo los individuos modifican sus comportamientos en función de los incentivos. Atendiendo a esta definición, habría que incentivar a los ciudadanos para que reciclasen, sin embargo parece que muchos de nosotros no necesitamos ser premiados para hacer lo correcto. Pero, ¿y qué ocurre con la empresas? ¿Qué les mueve a ser cuidadosas con el entorno? Muchas de ellas ostentan el título de empresas socialmente responsables, lo lucen en sus páginas web y se encargan de que todo el mundo sepa lo comprometidas que están con la sociedad. Empresas de muebles que quieren que las familias cenen juntas, refrescos que promueven el deporte entre los desfavorecidos, bancos que financian los estudios de jóvenes sin recursos o eléctricas que apoyan la investigación en renovables.

Estamos tan acostumbrados a ver cómo las empresas se mueven buscando únicamente beneficios que nos parece un plus que una posea el sello de empresa socialmente responsable, que implica "logros" de la talla de respetar los derechos humanos, promover condiciones favorables para la calidad de vida de sus empleados o preservar el medio ambiente. ¿Por qué lo que para los ciudadanos es un mínimo para las empresas es un máximo? Que este reconocimiento se haya convertido en un instrumento de marketing es algo que me entristece profundamente, puesto que da a entender que comportarse de manera ética con quienes te rodean es algo de lo que presumir y que puede ser utilizado como un medio para ganar clientes.

Tengo la sensación de que el comportamiento ético y responsable viene al final del proceso, como si a alguien se le hubiese encendido la bombilla y solo en ese preciso instante se hubiese visto la necesidad de hacer lo correcto o, peor aún, que se hubiese decidido hacer lo correcto por miedo a que el estado interviniese imponiendo algún tipo de sanción. El fin de una empresa es la obtención de beneficios y, desde finales del siglo XX se ha visto que un medio para alcanzarlo es ser socialmente responsable.

Yo quiero que sea al revés, que el fin de una empresa sea contribuir al desarrollo de la sociedad, a través de la producción de bienes y la prestación de servicios, la generación de un empleo digno y de calidad, la innovación tecnológica cuidadosa con el entorno, la transmisión de valores de igualdad, y que la obtención de beneficios sea el medio para lograrlos. Quiero que redefinan su objetivos y que dejen de aparecer términos como rentabilidad, productividad, liderazgo o cuota de mercado y que piensen en sus clientes, sus empleados, sus proveedores y el resto de la sociedad, puesto que sólo así merecerán ser llamadas empresas socialmente responsables.

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