Victor Moreno

Victor Moreno

Ya no es necesario recurrir a la técnica del esperpento de Valle Inclán para dar cuenta de lo que ocurre. Los hechos vienen a nuestro encuentro sin necesidad de solicitarlos. Lo hacen de forma tan grotesca que solo nos queda actuar como los tomógrafos, pero con material palabrático. Escribir para cortar la realidad en pedacitos y comprobar si en su interior se registra vida inteligente o, por el contrario, rasgos de una imbecilidad cada vez más inquietantes.

2024-02-22

Jornada escolar

Durante varios meses la comunidad escolar - familias, profesorado, administración, consejos escolares-, ha estado discutiendo acerca de la conveniencia o inconveniencia de adoptar una determinada jornada escolar, si rajada por la mitad como una sandía o continua como el hastío. La parte correspondiente a cada una de esas opciones ha reflejado un debate intenso con argumentos de toda clase: psicológicos, pedagógicos, laborales, mentales y sociales. 

¿Y políticos? No me consta que los partidos políticos se hayan mojado por ningún tipo de jornada escolar, lo que no se sabe si hay que tenerlo como buena señal o mal augurio. A fin de cuentas, tomar partido por un tipo de jornada escolar es parte de una decisión política y, al tratarse de un aspecto que afecta a una parte importante de la población escolar, ¿no debería contemplarse en los programas electorales? Y, si es la administración pública la que toma la decisión última sobre el particular -respetando la opinión de los consejos escolares-, pues, digo, que, quizás, tal vez, los partidos políticos deberían aclarar si están por una jornada escolar concreta. Porque, si son ellos, cuando llegan al poder, los que determinan el tipo de política educativa que hay que aplicar, estaría bien que lo dijeran cuando están con el periodo electoral. Pues, dada la cantidad de artículos escritos sobre ella en la prensa, no parece que sea un detalle banal. Desde luego, las reflexiones sobre dicho asunto han sido muchísimos más que los dedicados a mejorar la formación y competencia en lectura, escritura, matemáticas,  música y plástica del alumnado.

En cuanto a los argumentos utilizados,  el más sorprendente ha sido el que sostenía que la jornada continua sólo busca el bien del profesorado, mientras que la jornada partida favorece al alumnado. Administración dixit. Y, si la jornada discontinua mejora el aprendizaje de la chavalería, pues poco o más habrá que decir. Pues ya es sabido que la administración vela por el bien de la infancia, quiere mucho al alumnado y se desvive por él. 

Solo hay problema. Que la administración jamás ha presentado un estudio que muestre que las escuelas de Infantil o de  Primaria tienen mejores resultados académicos o de cualquier otra naturaleza con jornada continua o con jornada partida. 

¿Hay evidencias objetivas y empíricas que demuestren que el alumnado que cursa estudios con un horario discontinuo obtiene, por ejemplo, en la prueba de PISA un lugar menos vergonzoso que los que lo hacen con una jornada continuada? ¿Y la salud mental del profesorado se resiente más con un tipo de jornada o con otra? ¿Hay más bajas en el sector por depresión con una  jornada determinada? ¿Hay más estrés escolar en el profesorado con jornada continua o discontinua? 

Tampoco se ha demostrado que el bullying escolar en la comunidad foral guarda relación directa con el tipo de jornada adoptado. También estaría bien saber qué horario tienen los centros que han obtenido mejores resultados en la selectividad. Si eso es debido al tipo de jornada o tiene que ver con la alimentación, la renta per cápita de los progenitores, el nivel de estudios de estos, las expectativas laborales de la familia, la valoración de la cultura impresa que hay en casa, etcétera.

Si no me equivoco, no hay estudios sobre este tipo de relaciones establecidas. Y, si no los hay, no se entiende muy bien el jariguay armado por la administración al respeto. Además, no basta con apelar a supuestos argumentos de autoridad para zanjar la bondad o maldad de una jornada u otra. Hay que mostrarlo con que, supuestamente, inciden en el éxito o el fracaso escolar en su sentido global, no sólo referido a las notas académicas; también, en lo que podría denominarse “felicidad escolar”. 

Ni siquiera hay ningún estudio que haya analizado la experiencia en un mismo centro donde se hayan combinado los dos tipos de jornada, continua en primavera y discontinua en otoño e invierno, o al bies. Sería bien ilustrativo que la Administración hiciera un estudio contrastivo de los resultados académicos obtenidos en un centro donde se haya experimentado durante años un tipo de  jornada distinto y ello sin ganas de extrapolar sus resultados. Porque cada centro es un microcosmos diferente y único. Como su alumnado. 

Está muy bien que sean las familias quienes decidan este tipo de jornada para sus retoños, pero, ¿por qué no se pregunta, también, al alumnado qué tipo de jornada escolar prefiere? 

Hay quien ha dicho que la administración prefiere la jornada discontinua, porque respeta más al alumnado. Y eso, ¿qué significa, que la jornada continua no lo hace?  Me inclino a pensar que el tipo de jornada escolar sigue irrelevante desde el punto de vista académico, didáctico y pedagógico. Lo que importa son los programas y los métodos de aprendizaje que busquen y consigan el desarrollo de la inteligencia, de la memoria creativa, de la capacidad crítica, de la creatividad divergente, del desarrollo ético personal, social y afectivo del alumnado. Por lo que, cabría apuntar que, mientras el sistema educativo siga haciendo hincapié en planes de enseñanza y no en programas de aprendizaje, seguirá habiendo problemas. (Otro día, hablaremos de esta distinción entre enseñanza y aprendizaje y lo que implica).

A uno le gustaría que el mismo entusiasmo mostrado a la hora de discutir sobre modelos de jornada escolar, se hiciera lo propio sobre cómo mejorar el entusiasmo del alumnado por aprender. O reflexionar sobre qué sucede en esa infancia tan entusiasmada por aprender en las etapas de Infantil y Primaria, y que, cuando accede a secundaria, se precipita en el más tedioso de los aburrimientos… Y ello con jornada escolar continua o discontinua. Pues, la mejora del sistema educativo no pasa por el tipo de jornada adoptado.

Ya. Y, tú, en concreto, ¿por qué tipo de jornada te inclinas? Ni se pregunta. Por la continua. ¿Por qué? Porque, como dice el poeta, “quien lo probó, lo sabe”

 

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